Monarquía tras el Capitalismo


27.04.2011 // Por: Shaij Dr. Abdalqadir as-Sufi
Categoría: Artículos

Una de las pruebas que pondrán de manifiesto el final del capitalismo será el retorno de la verdadera monarquía.

Monarquía significa exactamente que el poder ejecutivo está en manos de una sola persona.

La monarquía absoluta es una contradicción en sus mismos términos. Si se la considera como tal, es otra cosa bien distinta: dictadura.

La ironía de nuestros días con respecto a la incapacidad absoluta de tratar abiertamente esta cuestión, cuando la universidad y los medios de comunicación están controlados por las grandes corporaciones, es que la monarquía se opone a la presidencia democrática; a la primera se la considera totalitaria, mientras que la segunda se define como la voluntad del pueblo.

Vayamos, en primer lugar, a desvelar el mito. En nuestros días, los dirigentes 'elegidos' de países como los EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y Francia, han demostrado ser dictadores que no rinden cuentas al pueblo, senados ni consejos de ministros.

La masa de la gente se opone al armamento nuclear y, sin embargo, los gobernantes lo imponen a sus naciones basados en la conocida sanción presupuestaria.

Nadie quería la guerra de Iraq y, sin embargo y a pesar de todo, un demente Primer Ministro inglés y un estúpido Presidente Americano la impusieron al mundo pasando por encima del pueblo y los Parlamentos, los Estados y los Senados.

La democracia política, tal y como se practica hoy en día, es una dictadura en sí misma.

Esta es la razón de que dictaduras estructurales, como Rusia, la Siria de Assad y China, pretendan ser democracias, puesto que los votos no afectan al resultado totalitario.

El Corán indica que Allah ha decretado la monarquía dejando claro, al mismo tiempo, que es muy posible que el poder no se transfiera tal y como lo estipulen los hombres.

La consecuencia, es que la monarquía es admisible, pero el derecho dinástico puede ser rechazado. El principio dinástico es útil, pero no fundamental. Contiene dos factores. El más importante es la formación. Los gobernantes dinásticos pueden enseñar a sus hijos a ser respetuosos, ser corteses y preocuparse por las cosas y por los demás. Esta es la doctrina de la Futuwwah o el poner en funcionamiento elevados valores de conducta; dicho con otras palabras, el Tasawwuf más puro antes de que los hindúes lo convirtiesen en algo esotérico. La doctrina de la Ma'rifa es su secreto y la gente común no debe hablar sobre ella. El otro factor es aprovecharse de la compleja matemática que contiene la sucesión, la transferencia del ADN. La herencia está basada en la esperanza de que existe una transferencia genética. Esto puede producir un Adriano y un Marco Aurelio, pero también puede hacer regurgitar a un Nerón y un Calígula.

Esta es la razón de que, a nivel personal, yo me defina como un monárquico pesimista. Por Din y por educación, y dentro de los parámetros del 'Amal Ahl al-Madinah, puedo evaluar las cuestiones políticas basado en Tácito, Shakespeare, Imam al-Qurtubi e Ibn Jaldún; y todos ellos iluminados por el Corán y Ash-Shifa'.

Estos comentarios tienen lugar cuando el segundo en la línea de descendencia de la Corona de Gran Bretaña está a punto de casarse con una plebeya. La última vez que esto sucedió el Rey abdicó, hecho ostensible porque ella era una divorciada. No dejaba de ser una de esas ironías deliciosas, porque la monarquía estaba basada en un divorcio tan poderoso que liberó a Inglaterra del Papado.

Si dejamos a un lado algunos respingos que dieron los Hanover, el último matrimonio de un Rey (Edward IV) con una mujer considerada plebeya (cuando en realidad pertenecía a la aristocracia) dio lugar a la Guerra de las Rosas que lo dobló en su sangrienta duración.

El matrimonio de los Windsor es una cuestión que, hasta cierto punto, nos preocupa por lo mucho que amamos la política islámica del gobierno en este país. La Familia Real ha sido debilitada de forma catastrófica con el dominio de la clase política. El último monarca que defendió los derechos de la institución fue George V, que empleó al espantoso Lloyd George cuando intentaba elegir a una serie de políticos de carácter dudoso para otorgarles títulos nobiliarios. A partir de su muerte, la monarquía se ha visto relegada al papel de desempeñar meros ritos ceremoniales. Es una corona vacía. El poder está investido en algún otro lugar que, por supuesto, no es el Parlamento.

En cuanto al heredero actual al trono, es alguien que no podría ser más consciente o estar mejor informado sobre el Islam. Esto es un beneficio enorme para la comunidad musulmana. Debe decirse también que conoce a la gente con mayor profundidad y detalle que las informaciones fragmentadas de los políticos. Ha defendido la agricultura ecológica, desde los días en que era objeto de todo tipo de burlas por su excentricidad, hasta hoy que demuestra ser un tema crucial para la supervivencia de la Inglaterra rural. Cuando el sistema financiero colapse, como debe hacerlo y sin duda lo hará, Gran Bretaña estará de suerte si el Príncipe Charles aún sigue con vida.

Hasta que esto ocurra, el Estado necesita ser revivificado, algo que no ocurrirá reduciendo la familia real al estatus de celebridad mediática. Ha llegado el momento de que se haga por la comunidad musulmana lo que se hizo con los judíos británicos en el siglo XX. Hay que rendirles honores y traerlos al centro mismo del etos nacional. Los títulos que en la actualidad se han concedido a los musulmanes importantes son una auténtica ignominia. La Corona es en último término responsable.

Los títulos y honores deben otorgarse de la siguiente manera:

  • Sir Anwar Pervez debe ser nombrado Conde.
  • A Firoz Kassam debe concedérsele una baronía.
  • A Iqbal Ahmad debe concedérsele una baronía.
  • Anwar y Yakub Patel deben ser nombrados caballeros.
  • Assem Allam debe ser nombrado caballero.
  • Rashid Tayub debe ser nombrado caballero.
  • Abdul Ali Mahomad debe recibir una distinción.
  • Adalat y Arshad Chaudhary deben recibir una distinción.
  • Younus Sheikh debe recibir una distinción.
  • Afzal y Akmal Khushi deben recibir una distinción.
  • Mo Chaudry debe recibir una distinción.
  • Ajaz Ahmed debe ser nombrado caballero.
  • Lutfur Rahman de Tower Hamlets debe recibir una distinción.
  • A Mehdi Hassan del New Statesman debe concedérsele una baronía.
  • Shaykh Babikir Ahmad Babikir debe ser nombrado caballero.
  • Dr. Abdalhakim Murad de Cambridge debe ser nombrado caballero.
  • Abdalhaqq Bewley debe otorgársele un título de nobleza vitalicio por su traducción del Corán y el servicio prestado al Islam británico en el extranjero.

Este podría ser el primer paso en la creación de una nueva estructura social en la Gran Bretaña que sustituya al orden social que destrozó la Segunda Guerra Mundial.