Francia y lo Irracional - I


15.01.2015 // Por: Shaij Dr. Abdaldadir As-Sufi
Categoría: Artículos

Cuando se hicieron públicas las noticias del despreciable asesinato de esos pobres y desvergonzados caricaturistas, lo primero que hice fue apagar la televisión. La ley del Estado se debe imponer, y yo sabía que Francia, con sus espléndidos mecanismos estatales, estaba de sobra capacitada para restaurar el orden y castigar a los asesinos. Pero dos cosas me hicieron experimentar un cierto desasosiego. En primer lugar, la clase política, como ocurre en todos los demás lugares, es un grupo lamentable. Sabía que, lejos de enfrentarse a la crisis, se vería arrastrada por ella a otra cuestión. En segundo lugar, me acordé de la madre de Proust, apasionada defensora de Dreyfus que, en privado y lamentando su carácter sombrío, suspiró diciendo:

            ‘¡Es necesario cambiar la víctima!’

Cuanto más se encumbraba la retórica, cuanto más se inflamaban las pasiones, más y más se apartaba mi amada Francia de su papel histórico como fuerza que queda para defender la libertad. Tuve que llegar a desconectar mi IPhone. En este asunto nada tenía sentido. Me di cuenta de que, para llegar al núcleo mismo de la cuestión, era necesario abandonar, no solo los meros imperativos políticos, sino profundizar aún más para llegar a las bases racionales de la forma de pensar.

Esto era una demostración de lo que Jane Arden, la gran feminista y directora de cine inglesa contemporánea, llamaba:

            ‘El Otro Lado de lo que está Debajo’’

Mi mente se concentró en Cicerón y su segunda Filípica (2.35) en la que desafiaba a Marco Antonio con lo que llamaba la ‘consigna de Casio’:   

            ‘Cui bono fuerit?’ ¿A quién beneficiaba la acción?

En este suceso, de forma irónica, el que se benefició fue un minúsculo grupo de sátiros, fracasados y miserables, de un semanal. Parecían haber resucitado con la impresión masiva, a escala nacional, de millones de copias de la revista. En las manifestaciones siguientes, la gente alzaba pancartas confeccionadas a toda prisa que proclamaban ser las víctimas revividas, al estilo Lázaro, de ese ataque abominable.  

Al ser incapaz de dejarme atrapar por las fantasías conspiratorias, tan en boga en nuestros días, me negué a creer que las víctimas y sus ejecutores fueran la misma cosa.  

A pesar de ser evidente que cada bando se enfrentaba de forma diametral, llegando a morir en la diatriba, parecían estar vinculados de alguna extraña manera, aunque solo fuese a nivel simbólico. O si se prefiere, a pesar de que el liberalismo y el terrorismo tienen un carácter opuesto ─siguen siendo “ismos”─ son parte de esa jaula estructuralista en la que todos vivimos.

Era necesario profundizar más. Mi búsqueda me llevó a Freud, y la naturaleza de nuestro Inconsciente, para luego llegar a Ovidio, el cartógrafo del sistema de memoria de nuestro ADN, mítico y registrado.  

¡Por supuesto! En este nivel fronterizo del mito y la memoria, la situación cambiaba. Cuando los burladores y los burlados volvían a surgir en la profundización del modelo Freudiano/Lacano[1], la situación tenía el carácter Ovidiano de la identidad mítica. 

Si la represión está representada por el padre dominante, es el caso de Ibrahim.

Si los reprimidos están representados por el hijo rechazado, es el Profeta Muhammad. 

En términos de Ovidio, es el modelo de la tragedia clásica de Racine “Phèdre”.

Fedra es la esposa/madre de Teseo que tiene la fatalidad de enamorarse de Hipólito, el hijo de Teseo. En consecuencia, Fedra es una Francia que se debate entre la fuerza-poder del padre y la atracción irresistible que siente por ese hijo tan hermoso


[1] Jacques-Marie Émile Lacan (París13 de abril de 1901 — 9 de septiembre de 1981) fue un médico psiquiatra y psicoanalista francés conocido por los aportes teóricos que hizo al psicoanálisis basándose en la experiencia analítica y la lectura de Freud, incorporando a su vez elementos del estructuralismo, la lingüística estructural, la matemática y la filosofía.