Ayyuha´l-Walad! Lección Una


16.03.2011 // Por: Shaij Dr. Abdalqadir As-Sufi
Categoría: Artículos

DEFINICIÓN DE DICTADURA

En una dictadura no existe la libertad política. Al disidente se le castiga apartándolo de la sociedad: reclusión, tortura, calabozo y muerte. Hay una libertad económica básica puesto que el Estado es el único propietario de la riqueza.


DEFINICIÓN DE DEMOCRACIA

En una democracia no existe la libertad económica. Eres un ciudadano en un escenario de estados democráticos similares. Ser un ciudadano significa que eres un deudor. Eres responsable de la deuda nacional; por ejemplo, un niño mauritano que nace en el desierto llega a la vida debiendo su parte correspondiente de la deuda nacional; llega al mundo debiendo una cantidad impagable de miles de euros. Puedes cambiar de representante político pero, aparte de los impuestos gubernamentales a los que te somete, él también carece de poder alguno. Pero tiene que evitar que te levantes –se permite la protesta, pero sin violencia- porque entonces serás aplastado. Este es el status quo. Cuando los bancos fracasan y pierden millones, tú tienes que rescatarlos. Al hacerlo se pone de manifiesto que tú, las masas, os habéis convertido (gracias a la democracia) en pasivos y obedientes.


DEFINICIÓN DE LOS BANQUEROS

Los banqueros, a los que Proudhon llamó La Secta, son una fraternidad mística de ateos. Operan un sistema usurero prestando con interés y sin utilizar riqueza sustantiva, e.d. riqueza real, sino más bien, y en primer lugar, moneda de papel que actúa como un ‘recibo’ de riqueza real. Su poder creció y ha seguido haciéndolo desde la Revolución Francesa y la desautorización inglesa de la monarquía que tuvo lugar cuando proscribieron a los monarcas legislativos para sustituirlos por una aristocracia alemana y obediente.

La Segunda Guerra Mundial y sus repercusiones, basadas en la transformación informática de la información global, atestiguaron un salto evolucionario fundamental en la práctica y el poder. El sistema financiero había abandonado de hecho la moneda (el documento de papel que prometía el pago) y funcionaba con meros números de una ‘divisa’ determinada y su transferencia del punto global A al punto global B. El ‘dinero’ ni siquiera era ya una cantidad numérica, sino simples impulsos electrónicos que titilaban entre dos ordenadores. Dicho con otras palabras: los banqueros gobernaban basados en la magia. Controlaban a la clase política; estos sabían de sobra que su elección no se debía a las masas, sino a los medios de comunicación (que pertenecían a los banqueros) y a su previa obediencia al programa fiduciario.

En estos momentos, los banqueros han descubierto que la clase política es más servil de lo que habían imaginado. Una vez desvelada su sumisión al salvar del colapso al sistema financiero, los banqueros fueron a por todas. ‘Fijaos en el desastre’, dijeron. Tenemos que limpiar los mercados. Lo cierto es que vosotros, la clase política, nos debéis auténticas fortunas por las deudas nacionales. Ha llegado la hora de pagar. Cambiarle el nombre – el déficit – la cantidad adeudada – pero está claro que tenéis que pagar.

Con un solo movimiento, los banqueros (un sistema que dirige el sacerdocio del sistema) daban un paso de gigante hacia el final, lógico y matemático, de su religión: un solo banco, ausencia de moneda, y toda la humanidad debiéndoles dinero.

El paso hacia el cobro del déficit siguió a la fuga radiactiva que habían experimentado los banqueros – más de veinte billones de dólares – la gente estaba demasiado traumatizada – tenían que pagar, tenían que pagar lo que se debía. Nadie era capaz de preguntar: ¿Adónde había ido el dinero? ¿Había desaparecido? ¿O esto significa que ni siquiera había estado allí al principio?

La, así llamada, crisis deficitaria perpetuaba la degradación y esclavización de las masas.

El mito de la ‘recuperación’ se esfumaba ante los, casi totales, recortes de los servicios sociales que eran la base de la sociedad cívica. Para dar a los banqueros una nueva vitalidad se necesitaban nuevos clientes. Necesitaban varios millones de clientes nuevos para continuar su avance hacia el dominio mundial y para mantener a su elite rica y bien recompensada. Sirva de ejemplo el caso del Barclays Bank que, en plena crisis deficitaria de la Gran Bretaña, recompensó a su director con una gratificación de nueve millones de libras; al producirse un escándalo público, este jefazo (¡con el nombre inmortal de Mr. Diamond!) dijo con humildad que, para solidarizarse con los problemas de los demás, ¡sólo cogería seis millones!

¡Ya Walad!

A ésto es a lo que llegas. Los banqueros se preguntan: ‘¿Cómo podemos conseguir decenas de millones de clientes nuevos? Nuevos, jóvenes, que quieran la democracia, es decir, ser deudores pero sin dictadores; y así podremos importar drogas, rock and roll, liberación sexual e incluso moda. Y por supuesto, allí están a lo largo de la costa del Mediterráneo, sin empleo, tiranizados y ¡bienaventuradamente a salvo de las enseñanzas islámicas que puedan dejar al descubierto la naturaleza perversa de nuestros planes fiduciarios!

Joven, si quieres democracia – pulsa ENTER.