Ayyuha´l-Walad! Lección Dos


20.03.2011 // Por: Shaij Dr. Abdalqadir As-Sufi
Categoría: Artículos

La Anomalía de Bahrain

En el colapso de los tres regímenes mediterráneos reconocidos, es posible distinguir –no una especie de avidez sincrónica por la libertad y la democracia- sino más bien la respuesta provocada de las masas a las señales de la elite bancaria. Solo hace falta una pizca de intelecto para identificar el guión de la obra que se ha presentado a las empobrecidas hordas árabes. Jane Arden, la famosa feminista de finales del siglo XX en Inglaterra, lo llamaba “El otro lado de lo que hay debajo”; no es lo que se impone a sí misma la psique fracturada, sino más bien lo que imponen los acontecimientos externos a ese roto ‘yo’.

El caso de Bahrain es una película diferente. Es una película de época. Trata del poder y de cómo unas mujeres enmascaradas, envueltas en telas negras, gobiernan desde abajo. Es parte Freud y parte Genet; me refiero con ello a que están presentes el modelo freudiano de la crisis familiar (la fijación edípica) y la falsa dramatización que utiliza el luto para dominar los acontecimientos (el teatro de Genet). Me estoy refiriendo, en consecuencia, a ese síndrome psicológico que se llama “Shi’a”, ese anti-Islam que niega el Califato y la meritocracia y prefiere la herencia genética además de, al mismo tiempo, presentar un amenazador fin de los acontecimientos con el que se castigará al mundo actual. Y esto es así porque el núcleo mismo de la religión “Shi’a” es su negación del poder político, al tiempo que proclama la necesidad de derrocar al poder actual y promete una venganza apocalíptica al fin de los tiempos.

Dicho con otras palabras: la negación de los dirigentes actuales por haber usurpado un legado genético. El Califato pertenecía al padre y la huerta a la madre; ‘Ali ibn Abi Talib es el agraviado y asesinado heredero del poder y la propiedad de su esposa ha sido confiscada. Sus hijos han sido asesinados, y el duelo por uno de ellos (Hussein) se ha convertido en un dogma de la nueva anti-religión. La familia son los desheredados hasta la duodécima generación, todos asesinados, todos perfectos y todos merecedores de duelo hasta llegar al duodécimo que está suspendido, un muerto viviente, que promete arreglarlo todo cuando se acabe el mundo; cuando aplicar la justicia social será demasiado tarde.

Su día sagrado más importante es el de ‘Ashura, el día en que Hussein murió en la batalla contra los musulmanes. Según las palabras del juicio del jurista islámico más importante de Europa, el Qadi Abu Bakr ibn ‘Arabi de Granada: “Hussein fue matado con la espada de su abuelo”, e.d. el Profeta, afirmando así que había muerto siendo un rebelde contra el Islam.

La religión tomó su nombre de un término coránico que indica ‘separarse de la gente de la verdad’ demostrando con ello que, ya desde el principio, no es una secta ni una innovación, ni por supuesto una elevación, sino más bien, un fin. Una ruptura. Una ‘otridad’. A lo largo de los siglos, los musulmanes han tratado de adaptarse a su presencia, han dialogado, concedido e incluso disculpado. Y se han encontrado con el rechazo e incluso el castigo. Ocultos tras la nueva doctrina de la Taqiya, dice a sus seguidores que mentir y actuar con hipocresía ante los musulmanes es una virtud moral. Ellos, y no nosotros, impiden la posibilidad del diálogo, puesto que hay una parte que considera que mentir es una virtud a su favor.

En el centro mismo de la religión Shi’a está la familia deshecha. Y sin embargo, mientras que el padre ha sido asesinado, desheredado y sus hijos apartados del poder, la madre ha sido elevada al papel místico de guardiana y preservadora del linaje agraviado. Los supuestos descendientes de ‘Ali se desarrollan como una elite interna, Sayyids, que llevan unos turbantes especiales y reclaman ayuda económica. Fátima es la madre sagrada que protege a los hijos martirizados. Está en un duelo “eterno” que se transmite a las mujeres Shi’a en una perpetuidad sagrada. Es el chador negro con la rendija a la altura de los ojos. Es el uniforme de la elite de poder Shi’a, lo mismo que el uniforme negro de la S.S de Hitler. El uniforme negro es una creación Shi’a y la forma en que, en nuestra época, se ha propagado por el Oriente Medio, es una prueba de la gran influencia que la Shi’a ejerce entre los musulmanes desde la caída del Califato. De manera significativa, se ha convertido en una cuestión política entre los extremistas, que no practican el zakat, y que se presentan como defensores del Islam.

En la Surat an-Nur (24:30-31) encontramos el texto fundamental:

Di a los creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, eso es más puro para ellos. Es cierto que Allah sabe perfectamente lo que hacen. Y di a las creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, y que no muestren sus atractivos a excepción de lo que se muestra normalmente; y que se dejen caer el tocado sobre el escote.

Lo primero que podemos observar en estas dos aleyas es que comienzan de la misma manera. Allah el Excelso instruye al Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, de esta forma:

“Di a los creyentes…”
“Y di a las creyentes…”

Esto indica que es una Sunna firme, ordenada por lo Divino. No es una ley con su correspondiente castigo o recompensa.

Para nosotros es importante la frase de la segunda aleya que especifica:

“a excepción de lo que se muestra normalmente”

En Ibn ‘Atiyya vemos que relata que Asma bint Abu Bakr estaba con su hermana ‘A’isha, que Allah esté complacido con ella, cuando entró el Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz. Cuando su esposa preguntó sobre la corrección en su forma de vestir, el Profeta indicó que debería ir cubierta a excepción de… e indicó con un gesto las manos y la cara. Esto nos permite decir que el Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, dio indicaciones sobre la modestia en el vestir según la disposición coránica: “a excepción de lo que se muestra normalmente”. Basándonos en ello, podemos decir que cubrirse el rostro no es una práctica islámica sino que, hablando con propiedad, es un desafío a la indicación de nuestro Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz.

La Comunidad musulmana no puede dejarse involucrar en un conflicto frívolo e inútil propiciado por hombres y mujeres que, para empezar, no saben lo que es el Din del Islam.

Allah el Excelso ha declarado en la Surat Al ‘Imran (3:32):

“Di: Obedeced a Allah y al Mensajero pero si os apartáis... Ciertamente Allah no ama a los incrédulos”.

Así pues, cuando hablamos del conflicto de Bahrain no estamos hablando de la dialéctica entre la democracia de los banqueros versus la dictadura. La cuestión en este caso es fundamental para nuestra postura como musulmanes. No puede resolverse en el marco de las modalidades del presente y absolutista sistema mundial del capitalismo. En el capitalismo, el dinero carece de valor intrínseco. Las monedas no son más que números a los que se les puede dar nombres nuevos (euro) o antiguos (dólar); el caso es que se cuentan como números. En el sistema capitalista, los seres humanos son considerados de la misma manera. Ya no son hombres o mujeres. Los humanos han recibido el nombre de “ciudadanos” y este término ya ha cedido el paso al de “deudor”. Carecen de valor intrínseco, son meras estadísticas.

El comienzo de esta imposición fue la Partición de la India. Hasta ese momento una nación se medía por un territorio asignado a una gente. En 1947, el nuevo orden mundial se mostró al imponer su nueva filosofía. Todo un pueblo fue asignado a un territorio. Los números habían sido los que lo determinaban.

El principio cegó al mundo a la hora de comprender el propósito.

El propósito era garantizar que India no sería musulmana sino hindú.

Esta pasión era tan poderosa, que permitieron que el nuevo sistema se negara a todo un pueblo. Si la cuestión era contar cabezas, Cachemira podía reclamar la independencia. Pero es evidente que India jamás se ha sometido a un Referéndum; me refiero a todo el subcontinente.

En resumen: la cuestión era conceder un Estado a los musulmanes. El principio decisorio fue que debería medirse contando cabezas. Con ello se desvelaba la contradicción entre método y objetivo. Cachemira era la prueba de lo ilógico de la política. Una división de la India para conceder un Estado a los musulmanes habría exigido volver al status quo anterior a la conquista británica: el Imperio Mogol. Sólo podría haber un Estado musulmán en el lugar que históricamente había ocupado, Delhi, Ajmir, desde Lucknow hasta Hyderabad.

La cuestión del pasado de Bahrain es bastante espeluznante. En el siglo tercero de la Hégira, un grupo mesiánico Ismailita estableció un Estado protocomunista; empezando en Kufa, establecieron su dominio teniendo como capital al-Hasa. Los Qaramitas impusieron un régimen basado en el terror. Vivían de asaltar a los hayˆyˆis que iban a Makkah. En el año 906 masacraron a 22,000 hayˆyˆis. Bajo el mando de Abu Tahir al-Yˆannabi saquearon Makkah in 930. Cegaron Zam-Zam con cadáveres y se llevaron la Piedra Negra a Bahrain. Bahrain se convirtió en la sede del mahdi Qaramita de Isfahan que abolió la Shari‘at y la Qibla, haciendo que cualquier fuego fuese una qibla, tal y como predican los seguidores de Zoroastro.

En el año 976 los abasidas recuperaron Bahrain para el Islam, pero en 1058 tuvieron que enfrentarse a otra sublevación Shi’a de la tribu Abd al-Qays.

En el siglo XIV Ibn Battuta pudo comprobar que los habitantes de esa zona eran extremistas Shi’as.

En el siglo XV la dinastía Yabrid introdujo de nuevo el Islam y la escuela de Imam Malik.

En 1791 los al-Jalifis se trasladaron a Bahrain. En 1820 recibían el apoyo de Gran Bretaña mediante una serie de acuerdos.

Arruinada por la Segunda Guerra Mundial y las deudas a los EE.UU., Gran Bretaña cedió sus territorios trozo a trozo; pero la codicia de los Estados de los Emiratos hizo que Bahrain quedase al margen. Se convirtió en el Estado de Bahrain el 16 de Diciembre de 1971. Poco tiempo después se convertía en la base de operaciones de la 6ª Flota de los EE.UU.

El Consejo de Seguridad del Golfo era el instrumento de defensa anti-iraní. En el año 2004, Bahrain firmaba un tratado de libre comercio con los EE.UU.

Lo que subyace en Bahrain es que una simple ojeada al mapa demuestra que si los EE.UU., empobrecidos como están, quieren sobrevivir, necesitan ese terreno prominente que se llama Bahrain.

El “Otro lado de lo que está debajo” es que, el hecho de ser personas es algo más que ser meros números en el Gran Juego de la política. Para los musulmanes del mundo entero la seguridad de la Península Arábiga es un asunto de suma importancia.

Bahrain plantea la cuestión que nosotros, como musulmanes, debemos resolver: “¿Es cierto que la visión a largo plazo de los E.UU., vis-à-vis su política mundial, es que Irán debe ser destruido (el ‘discurso’ actual), o es más bien que los EE.UU. prefieren una zona de no-Califa (e.d. sin gobierno) con unas masas embotadas por ansiedades apocalípticas y sin interés alguno por el tema de la Riba’?” Una religión que es una anti-religión pero que utiliza el nombre de Islam, un sistema con escuelas teológicas en conflicto y una cultura puritana –demasiado ocupada manteniendo a las mujeres en sacos negros- con una ciudad sagrada que es una necrópolis del luto, Kerbala.

La fase minoritaria siempre podrá ser controlada y quebrada (algo que le encanta) para que pueda lamentarse; mientras tanto la mayoría puede ser presa de modalidades sexuales al estilo de América, además de películas y rock & roll.

¿Es el sistema Shi’a el instrumento para hacer entrar a esas masas en el capitalismo y terminar, como sin duda desean, con la autoflagelación, las maldiciones y el puro Din al-Haqq de una vez por todas?

Lo que estoy diciendo no es un ataque contra los hombres y las mujeres Shi’a. Como sufí, sé de sobra que no hay nadie que pueda creerlo o defenderlo. Es una política. Tiene una psicología propia y no es saludable. El Shi’a puede ser curado.

Fijaos en los activistas políticos de Bahrain: ved su histeria, sus mujeres chadoradas a las que se les niega el poder verdadero, y su juventud frustrada y sollozante.

Oscuridad.

Allah el Excelso dice en la Surat Al-Isra’ (17: 81):

“Dí: Ha venido la verdad y la falsedad se ha desvanecido.
Es cierto que la falsedad se desvanece”.