Ayyuha´l-Walad! Lección Cuatro


02.04.2011 // Por: Shaij Dr. Abdalqadir As-Sufi
Categoría: Artículos

Nos acercamos al momento en el que podremos mostrar –mejor dicho, desvelar- ese tesoro oculto que es vuestro legado islámico.

La metáfora más apropiada nos la proporciona las imágenes que habéis visto en la TV, sobre la sobrecogedora destrucción de Japón tras el tsunami. En ese paisaje caótico y arruinado –allí estás tú, de pie entre los escombros- un hombre con toda una vida por delante y todo lo que puede ver hasta el mismo horizonte- destrozado.

Recordad que no existe eso que llaman ¡noticias de última hora! No ha habido una ‘Revolución’, sino algunas demos con víctimas. Nadie ha asaltado el Palacio. Nadie ha matado al Presidente. Tal y como dijo un representante de Washington: “Antes tratábamos con un hombre. Ahora lo haremos con un comité”.

En la crisis actual hemos observado que el socialismo, hasta ese entonces tan de moda, había destruido el etos islámico de los árabes. La maldición del estalinista Nasser había caído sobre el Norte de África. Nasser engendró una nueva versión del Islam al que redujo a una sociedad secreta, una vez utilizada para conseguir el poder. Se llamaban a sí mismos los Ijuan al-Muslimiin y con ello se estructuralizaba en una política lo que era orgánico y natural, y se confirmaba con una sencilla declaración: la Shahada. Antes de su llegada todos éramos hermanos musulmanes. Entre los suyos se decían “¡Ya Aji!”, traducción de la forma comunista “¡Oh Camarada!”. Sus fundadores autorizaron la banca.

Las fuerzas armadas de Nasser perpetraron una serie de fiascos, mal concebidos y peor ejecutados, contra Israel. Degradados en el campo de batalla, fueron elevados al liderazgo. El vergonzoso ejército de Nasser, primero bajo Sadat y luego Mubarak, sumió en la oscuridad al pueblo árabe más privilegiado. Con Mubarak en la fase terminal, tenía que hacerse una transición: un aspecto de la misma era la necesidad de modernizar ‘las apariencias’, y el otro garantizar que los EE.UU. seguían estando al mando.
En Túnez, Bourguiba era las dos cosas: kafir y socialista. En un momento dado llegó a abolir el Ramadán aunque en eso, al menos, tuvo que echar marcha atrás. N.B.: No soy yo quien califica de kafir a Bourguiba; he tomado el juicio del Sultan al-‘Ulama del último siglo, Shayj Shadhili an-Nayfar, que Allah tenga misericordia de él.

Ghaddafi, no lo olvidemos jamás, es un estudiante directo de Nasser. Su supuesta revolución fue puro nasserismo. Siria e Iraq dieron luz a la política socialista-atea del Partido Baath.

Palestina, una ‘no nación’ –pero no un ‘no pueblo’ como dicen los israelitas- son, en cierto modo, la víctima propiciatoria del modernismo árabe.

Apabullados por la fuerza inmensamente superior de Israel, la gente fue la víctima de las doctrinas socialistas de la época.

Palestina proclamó tener estatus nacional. Había sido una colonia protegida del Dawlet Osmanli, con Jerusalén como Waqf bajo las leyes de las Awqaf.
Y luego, cuando ya había sido completamente derrotada, proclamó el ‘derecho a la autodeterminación’. Esto había sido un pequeño plan maquinado por el Presidente Wilson que condujo a toda prisa a Munich y a la Segunda Guerra Mundial.

Es evidente que no existe tal cosa. De ser este el caso ¿qué pasa con los escoceses, los vascos, los corsos, los catalanes, los flamencos, los uigures, los tártaros, los chechenos? ¡Sin tan siquiera mencionar los iroqueses y los navaho!

Palestina es una tragedia doble. Los palestinos no tuvieron la hombría suficiente para reconocer que habían sido derrotados. Los israelitas, llenos de cicatrices resultado de la persecución nazi, no sabían cómo ser los vencedores. Incapaces de gobernar como tales, se convirtieron en perseguidores.

Si los palestinos hubiesen inclinado la cabeza y asumido la derrota, esto les habría elevado e incluso salvado. Si desde un principio se hubiesen casado con cuatro esposas y rechazado el papel moneda por el dinar de oro y el dirham de plata, ahora serían los vencedores demográficos de la tierra e increíblemente ricos. Incluso la Alemania kafir y Japón supieron ser derrotados… ¡Y fijaos cómo están hoy!

En lo que respecta a las dos monarquías técnicas, Jordania y Arabia, ambas son la ebria creación de Winston Churchill; hoy son, de facto, meras marionetas que nunca lo han sido de jure.

Otra dimensión que se debe tener en cuenta es que, conforme al dicho político ‘los extremos se tocan’, la doctrina que puso en el poder a la familia de Ibn Saud estaba fundada en la negación de la Jilafa; el salafismo la rechazaba diciendo que sólo había habido cuatro Jilafas. En este punto es fundamental comprender que shi’ismo y salafismo son idénticos, desde el punto de vista político, puesto que ambos rechazan la obligación de tener un gobernante vivo entre los musulmanes.

En su ‘Ahkam’, el gran qadi y faqih europeo, Imam al-Qurtubi, explica:

“Allah declara en el Corán (2: 29):

Voy a poner en la tierra a un Jalifa”

Esta aleya es la prueba manifiesta que confirma la exigencia de tener un dirigente y un Califa al que se obedece y que actúa como foco de cohesión de la sociedad; y las órdenes del Califato deben ser acatadas. No hay un solo Imam de la Comunidad que contradiga la obligatoriedad de tener este dirigente; a no ser lo que se cuenta de as-Asamn (lit. el Sordo) que vivía conforme al significado de su nombre y era sordo a la Shari’at; los que siguen su postura dicen que el Califato es permitido, en vez de obligatorio, siempre que la Comunidad asuma sus obligaciones, sin que sea necesario un dirigente que las haga ejecutar.

Los Compañeros acordaron nombrar Califa a Abu Bakr tras la controversia que surgió entre los Muhayˆirun y los Ansar. Si hubiese habido la obligación contundente que ordenase que el dirigente debía pertenecer a los Quraysh, no sería posible el debate y la controversia no habría tenido lugar.

Cuando murió Abu Bakr, delegó en ‘Umar la responsabilidad de ser Califa, y nadie dijo que no fuese obligatorio. Su naturaleza obligada indica que es uno de los pilares del Din que sirve de apoyo a los musulmanes. Alabado sea Allah, el Señor de los Mundos”.

Así pues, ya hemos empezado a descubrir el Islam que constituye nuestro legado y nuestro futuro.

No obstante, hemos comenzado con la cuestión más elevada, que no es nuestra tarea inmediata, sino una orientación que nos llevará hacia ella. A lo que nos enfrentamos ahora, es al rechazo de esos elementos del Din que la niegan y con ello abrazan al enemigo externo, la Shi’a, cuya base y fundamento es la doctrina anti-Jalifa.

Los salafi (wahhabis) dicen que, tras su comienzo, el Islam ha terminado.

La Shi’a dice que el Islam nunca ha existido, y esperan el fin del mundo.

Los salafi azotan a todos los que no sean de los suyos.

Los Shi’a se azotan a sí mismos.

Una vez que hemos establecido que, detrás de las dictaduras que surgieron en los terrenos de los árabes, estaban las doctrinas del socialismo y el ateísmo, no debe sorprendernos que nos llevaran a Assad, Saddam, Mubarak, Ghaddafi e Ibn Ali. Hijos de Nasser, políticamente hablando, lo cual significa que eran hijos de Stalin. Las masacres de Stalin estaban perpetradas contra su propia gente; ¡Al menos Hitler masacraba a ‘otros’!

Esto nos obliga a plantearnos una nueva pregunta: “¿Cómo han podido los árabes –tus abuelos- apartarse del Din al-Haqq para abrazar a una religión falsa cuyas acciones negaban su propia y elevada retórica?” Para obtener la respuesta, tenemos que limpiar los escombros de los sucesos históricos recientes para poder tener una cierta claridad. Bloqueando el camino está la aceptación de los dogmas kafir como si hubiesen sido verdades científicas y evolutivas.

Uno: Democracia. Ya no significa nada, menos todavía lo que sustenta su nombre. Lo que ahora significa, es un sistema de ‘dos partidos’, o multipartidista, de políticos elegidos por sufragio universal (la frase de Bernard Shaw ‘alguien gobernado por todos’). Y sin embargo, esos partidos está bajo un sistema de contrato fiduciario que sólo permite, tras una criba rigurosa, a los que obedecerán a la oligarquía de la riqueza. Los propietarios de la riqueza corporativa, de los productos básicos, de la banca… ninguno es elegido por sufragio universal, sino por herencia. La oligarquía anterior fue depuesta con los impuestos sobre la tierra y las herencias. Y ahora que ya se han ido, tenemos a la elite bancaria pidiendo, ‘de forma generosa’, que se suprima el impuesto hereditario; porque ellos ahora se han convertido en herederos.

En términos políticos, la democracia es la subyugación de las masas. Una y otra vez las masas se han manifestado en contra de la armas nucleares, pero todos los gobiernos han destinado a armamento nuclear, misiles y submarinos, la riqueza de la gente sometida a impuestos. El pueblo de Gran Bretaña se opuso a la guerra de Iraq de forma unánime y, a pesar de todo, un Primer Ministro psicológicamente deteriorado, la suscribió arrastrando al Parlamento y a la gente a la tragedia de Iraq, tragedia que atestiguó la muerte de soldados británicos de forma cotidiana y que luego se extendió a Afganistán, donde sigue ocurriendo lo mismo.

La democracia es el mecanismo garantizado de sumisión que subscribe el programa de la oligarquía y luego declara: ‘el pueblo ha hablado’.

Dos: no existe tal cosa como los Derechos Humanos. Es una pura invención humanista cuya versión moderna, posterior a la Segunda Guerra Mundial, ha sido escrita por un pequeño, inculto y bien intencionado judío para que sirviese de talismán contra el genocidio. ¿Quién DIJO que los humanos tienen derechos?

Hablando con propiedad, los derechos solo pueden ser otorgados por un gobernante que tiene en sus manos la regulación y el castigo. Puede imponerlo donde se hace y castigar donde no se hace. A principios de la Edad Media, por ejemplo, los caballeros de las órdenes de caballería impusieron una serie de derechos obligando al Monarca a que firmase la Magna Carta. Sus ‘derechos’ principales fueron la columna vertebral de la ley doméstica desde ese entonces, 1245, hasta que el gobernante ‘democrático’ Blair la abolió en 2001-2004. Y ahora, con una mítica ‘comunidad internacional’, no existe mandato ni castigo con respecto a acción alguna.

Tres: El proyecto tecnológico mundial –la compulsiva, ilimitada e irracional perforación, venta y consumo de combustibles fósiles- está controlada por completo por una serie de corporaciones entrelazadas entre sí que interactúan con las masas del mundo mediante el uso de monedas de papel y certificados de inversión, carentes de valor alguno, que convierten a las masas en impotentes y obligadas a seguir perforando, distribuyendo y quemando hasta llegar al punto de extenuación. Extenuación significa que la tierra se habrá convertido en un páramo y la matemática del dinero habrá colapsado.

Cuatro: La educación ha pasado de ser un programa para aprender sobre la vida, la historia, los lenguajes y el método científico, para ahora ser un programa con el que preparar a los individuos para que sirvan en el mercado comercial de los ‘negocios’, esto es, la elite de la clase de los esclavos.

Ahora es cuando estamos preparados para abordar la cuestión planteada al principio.

Una vez confrontado lo anterior, podemos empezar ahora a descubrir lo que se te ha ocultado durante cuarenta años, cuarenta años de dictadura kafir y cuarenta años de tergiversación. ¿Qué tergiversación? La alteración del Din al quitarle sus, desde el punto de vista existencial, patrones necesarios de conducta hasta que se te ha sido presentado como un contrato con dos aspectos.

Contrato Uno: una religión privada que acepta las posturas de todos los demás y no confronta el capitalismo ni la banca. “El buen musulmán”.

Contrato Dos: seguir como líder a uno -probablemente ya muerto, ‘rebelde’, antiguo agente de la CIA educado como Salafi, desconocido, oculto, sin gobierno ni consejo- que predica la práctica Shi’a Ismaelita de los combatientes suicidas; rebeldes suicidas que obedecen a un hombre que los entrena y envía a la muerte para que él, supuestamente, pueda seguir vivo. “El mal musulmán”.

No. Nosotros descubriremos el Din al-Haqq que nos dará los dos mundos, éste y el Próximo.

Es una salvación para ti y para tu futuro, para tus hijos.

También podrá rescatar los mares envenenados, el suelo árido y los casquetes polares que se están derritiendo.

Pone al mundo en tus manos.

El Rasul, a quien Allah bendiga y conceda paz, nos dijo que cuando muere un hombre de conocimiento, las ballenas de los océanos se lamentan. Este conocimiento es un asunto que abarca a todo el planeta y, más en concreto, a todos y cada uno de nosotros, a nuestras almas únicas y a nuestros corazones predestinados.


* * * * *

La democracia es el mecanismo garantizado de sumisión que subscribe el programa de la oligarquía y luego declara: ‘el pueblo ha hablado’.